El primer encuentro del Seminario de Introducción a la Literatura Infantil y Juvenil

El lunes 7 de abril desarrollamos el primer encuentro del Seminario, dedicándonos -en esta ocasión- a buscar pistas que nos permitiesen ubicar rasgos distintivos para definir o delimitar los textos que calificamos como “de literatura infantil o juvenil”…

Diversas obras fueron puestas a circular en pequeños grupos. Así: “La Caperucita Roja” con texto original de Perrault y las magníficas ilustraciones de Leicia Gotlibowski, dialogó con “Una caperucita roja” de Marjolaine Leray y la versión a partir del original de Perrault de la fotógrafa Sarah Moon. Las compañeras pudieron dar cuenta de aspectos literarios propios de las producciones: la pertenencia al canon de la literatura infanto juvenil occidental, la reescritura paródica y las ineludibles posibilidades que los lenguajes artísticos aporten al devenir polisémico de las obras. Estas reflexiones recuperaron algunos de los conceptos que aporta  Perry Nodelman, por un lado la referencia al modo en que la LIJ “toma como modelos formas literarias de otros tiempos, sobre todo los cuentos de hadas y los idilios pastorales (versiones sofisticadas de formas no tan sofisticadas)” y por otro acerca de que “...aparentemente se trata de una literatura simple de la que los adultos excluyen cosas; les cuentan a los niños menos cosas de las que saben los adultos, especialmente sobre la sexualidad…“. Los aportes del grupo recuperaron también aquella afirmación de Teresa Colomer  sobre el modo en que “..los libros cuentan con que los niños han adquirido hábitos narrativos a través de la presencia social de los medios audiovisuales...”

Otro grupo, también se dedicó a una obra de las que integran la tradición europea: “Cenicienta“. Así, revisitaron la versión que recuperó Perrault (en 1697!) y que ha ilustrado magníficamente Roberto Innocenti y la que nos llega de los hermanos Grimm (1812) en la 3º edición de la editorial Antroposófica (Bs As 2012). El grupo trae al debate uno de los asuntos que atraviesa a la LIJ y es, justamente, la posibilidad de discriminar entre Literatura para niños, Literatura para jóvenes, Literatura para adultos. Nuevamente Nodelman acompaña las reflexiones grupales al plantear que esta literatura “…ofrece implícito más de lo que dice; sublima conocimientos más profundos y sutiles de los adultos en forma de texto subyacente silencioso pero claramente presente que está necesariamente disponible para todos los lectores, tanto adultos como niños…”  . Teresa Colomer nos invita a pensar en el modo en que, alejados de las formas orales tradicionales, “...los libros se ofrecen mayoritariamente para ser “vistos y leídos” y no para ser”’oídos o explicados…” y en el caso de los libros álbum (como es el de Innocenti) esto es mucho más evidente.

Quienes recorrieron “Veladuras” de María Teresa Andruetto y “Una `vendetta´” de Guy de Maupassant se detuvieron en los aspectos literarios que sendos textos ofrecen y, en vistas a lo “infantil” o “juvenil”, pusieron el acento en las posibilidades de identificación por parte de los jóvenes (y también de los lectores adultos) con algunos rasgos de los personajes. Es interesante,entonces, poner a dialogar esta afirmación con la de Nodelman [haciéndola análoga en el caso de lectores adolescentes] cuando plantea que en los textos de literatura infantil “…los personajes principales son niños o seres asemejables a los niños...”. Además como los textos para niños  “implican (o esconden) una relación entre un narrador adulto y un narratario niño…” en el caso de los que ocuparon a este grupo queda visibilizada la porosa frontera entre literatura juvenil y literatura “a secas”.

De entre algunas obras de Graciela Montes (“El Club de los perfectos” y la antología “Amadeo y otros cuentos“) un grupo se dedicó, justamente, a “Amadeo” considerando que los aspectos que tornan al texto en infantil son, por un lado, la temática vital que aborda (el crecimiento) y, por otro, algunos aspectos peculiares del discurso que -junto con la mención al interés de los infantes- dan cuenta de la convicción de quienes nos dedicamos a Literatura Infantil de que con ella ofrecemos a los chic@s lo que creemos que les gusta o lo que queremos que necesitan, como señala oportunamente  el autor canadiense.

Antes de finalizar el encuentro compartimos el Programa sobre las Convenciones en los libros para niños de la serie “Había una vez“, una joyita para seguir disfrutando cuando deseen/puedan.

Nos quedaron para seguir reflexionando los aportes del grupo que tomó los textos epistolares y del que recibió textos con temáticas que venían siendo infrecuentes en el campo.  Los retomaremos a fin de mes, cuando nos reencontremos con algunas lecturas teóricas abordadas para seguir enriqueciendo el debate. Los comentarios en el blog anticiparán ese encuentro

 

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