Como llenarnos la boca de recuerdos

A veces, una palabra, sólo una, alcanza para recuperar sensaciones: sed, camión,  vecinos, abuela, semillas, infancia… Una palabra despliega un abanico de recuerdos y enlaza la infancia propia con la de los que nos suceden en el entramado familiar… SANDÍAS he aquí la palabra, el texto, el libro-objeto que recomendamos hoy.

En «Sandías»(1) la autoría es múltiple: Alexis Comamala propone el texto literario, Jorge Cuello, el visual e, interpretando esa historia, Ediciones de la Terraza la despliega en un formato que apenas cubre la palma de la mano. El libro-objeto, un acordeón de apenas 10 cm x 10 cm, juega paradójicamente con el tamaño y peso de las sandías y también se nos convida en gajos, en cuatro gajos que transitan el arco que va de una infancia a otra.

¿A quiénes convidar este  manjar? Es el desafío que cada mediadora y cada mediador deben sortear a la hora de seleccionar. ¿En qué punto del camino lector está la pequeña comunidad de lectores con quienes compartimos literatura para digerir estas «Sandías»?

Como venimos sosteniendo desde la Cátedra(2) cuando hablamos de lectura no hablamos de descifrar letras o palabras, hablamos de asignar sentidos, de construir significados singulares que amplifiquen el mundo simbólico de cada quien.

«Sandías» rezuma no sólo la frescura ofrecida por esos «mundos rojos» sino también el tránsito por los recuerdos de infancia. Y habrá lectores para quienes las mandarinas dirán más que estas «dormilonas» bajo la cama de los abuelos y habrá quienes transitarán por aquellos universos al perfume de los durazneros florecidos o al llamado de las pleamares que ¡hemos extrañado tanto en estos días de aislamiento!

Queda, entonces, servido el desafío: ¿a quién convidar estas sandías? Y junto a la pregunta  recordar con Clarice Lispector :

Hace unos días vi sobre la mesa una tajada de sandía. Y así, sobre la mesa desnuda, parecía la risa de un loco. Si no fuese por que me resigno a un mundo que me obliga a ser sensata, gritaría de susto ante las alegres monstruosidades de la tierra. Sólo un infante no se espanta: también él es una alegre monstruosidad que se repite desde el comienzo de la historia del hombre. Sólo después viene el miedo, el apaciguamiento del miedo, la negación del miedo, la civilización, al fin y al cabo. Mientras tanto, sobre la mesa desnuda, la tajada chillona de sandía roja. Agradezco a mis ojos porque se siguen asombrando. Aún veré muchas cosas. A decir verdad, aun sin sandía, una mesa desnuda también es algo que merece verse.(3)

 y, sí, aún sin sandía, ¡hay mucho digno de verse poéticamente!

 

(1) Comamala, A. y Cuello, J. (2019). Sandías. Córdoba: Ediciones de la Terraza.

(2) Cátedra Libre de Literatura Infantil y Juvenil (Dirección de Cultura de la Secretaría de Extensión). Universidad Nacional de la Patagonia «San Juan Bosco». Más información aquí

(3) Lispector, C. (2008). Un soplo de vida. Madrid: Siruela pp.72-73

«Sorpresas te da la vida…»

Compartimos hoy «El globo azul«(1) una historia creada por Julia Rossi e ilustrada por Jorge Cuello. Una historia en la que decidimos dar preeminencia a la narración -acompañándola con la ilustración de la tapa del libro- porque en tiempos de «pandemia de pantallas», solamente escuchar puede ser casi una sorpresa.

Como canta Rubén Blades(2), pero en otro contexto, la historia de hoy relata el sorprendente encuentro de Luisa con un globo y un señor o, sería mejor, de un globo con una señora y … o de un señor con… en realidad es una sorpresa vital que no necesita mayores explicaciones, basta con transitarla.

(1) Rossi, J y Cuello, J. (2011). El globo azul. Córdoba: ComuniCarte

(2) En Pedro Navaja Blades recupera una canción de Bertolt Brecht: Die Moritat von Mackie Messer  musicalizada por Kurt Weill que, en 1928, estaba incluida en La ópera de tres centavos.