Una selección para ¿los más chiquitos?

Desde la Cátedra de Literatura Infantil y Juvenil(1)  sostenemos con convicción que los dos adjetivos, «infantil» y «juvenil», son sólo necesarios para que, quienes acompañan a los niños, adolescentes y jóvenes en el tránsito por los libros, encuentren, en nuestras recomendaciones, un apoyo en los procesos de consolidación de las comunidades de lectores.

Por eso el título de este posteo es interrogativo. La selección que hoy les recomendamos seguramente puede ser disfrutada por los más pequeños de la familia pero son obras de tanta calidad que también provocarán lecturas multiplicadas entre los adultos mediadores.

Así en «La escalera de Pascual«(2)   María Rosa Mo nos ofrece una historia que pone en escena el vínculo con los abuelos (¡una historia necesaria en estos tiempos en que pocos niños pueden estar cerca de los suyos!) y apela sutilmente al pacto de ficción que implica considerar que puede existir una escalera para llegar al cielo y, desde allí, ver a los amigos jugar. Por su parte, el ilustrador (¡nada menos que Istvansch en épocas en las que la digitalización aún era impensable!) diseña las imágenes aprovechando la materialidad del libro de modo tal que, en las páginas impares está el cielo y en las pares lo que sucede en tierra. Un libro que cabe en la palma de la mano y abre un universo estético ¡enorme! Un libro que, como las imágenes muestran, ha sido objeto de lectura en muchas manos infantiles, un libro zarandeado y mordido como todo buen libro que se entrega a los más chiquitos.

La recomendación de hoy incluye una versión de «Duerme, duerme, negrito«(3)que, sin duda, pondrá a cantar en familia un tema que conocemos en otras versiones y que la cineasta Vivienne Barry musicalizó en el proyecto Cantamonitos para la televisión chilena. Es, justamente, en la diversidad de versiones que deseamos poner la mirada ahora. Ya que, si tempranamente ofrecemos la oportunidad de recorrer un texto desde distintas estéticas estamos habilitando reconocer que no hay un sólo modo de mirar y escuchar el mundo en el que vivimos, no hay un sólo modo de expresar lo que cada quien necesita comunicar.

Concluimos con un «cuento silencioso» una historia contada visualmente que invita a los lectores a leer en lo no dicho con palabras. En el papá que aparece en «El armatoste«(4) , es probable, que más de una mamá o un papá o un hermano mayor se encuentren recordando situaciones similares. Es que Leticia Uhalde, autora del guión de esta historia, y  Raúl Fortín, el ilustrador, han podido captar  lo medular de la experiencia lúdica en los niños.  Para ellos es tan importante el proceso de creación del juguete como el ser acompañado por un Otro en ese proceso(5) .

Mientras nos cuidamos, quedándonos en casa, ¡sigamos leyendo!!

 

 

 (1) Cátedra Libre depende de la Secretaría de Extensión Universitaria (Dirección de Cultura) Universidad Nacional de la Patagonia «San Juan Bosco»

(2) Mo, M.R. e  Istvan (1994). La escalera de Pascual. Buenos Aires: Ediciones del Cronopio Azul

(3) Martínez, R. (2018). Duerme, duerme, negrito. Caracas: Ediciones Ekaré

(4) Uhalde, L. y Fortín, R. (1993). El armatoste. Buenos Aires: Ediciones Colihue

(5) recomiendo una entrevista a Luis María Pescetti imprescindible (ver aquí)

 

en tiempos en que escasean las caricias

Vamos con un libro viejo viruejo (pensarán algunos), bello bellísimo (pensamos ¿todos?). Es Cuento con caricia, escrito por Elsa Bornemann y editado en 1974,  por Editorial Latina, en una colección que tejió comunidades de lectores en los Jardines de Infantes acercando obras de calidad tanto en lo literario como en lo visual.

Aquí, las ilustraciones de Raúl Fortín amplifican los sentidos con una propuesta estética, que pone el foco en los personajes y desdibuja el paisaje. Esos fondos blancos invitan al lector a reponer desde su propio imaginario ¡tanta ruralidad diversa! ¿Cuál será el paisaje en el que puede ubicar la historia una nena de Sarmiento (aquí en Chubut) o un muchachito de Curuzú Cuatiá (en Corrientes)? ¿Cuál será el que le adjudicarán los chicos de nuestras ciudades que, en estos días, están guardados puertas adentro entre las caricias que reciben de los suyos? ¿Qué pasará con los que hoy no pueden dar ni recibir caricias?

Ya vendrá el tiempo de los abrazos cantó Drexler en estos días, entre tanto, tenemos esta forma de abrazarnos: contar historias, que es la forma que ha encontrado la humanidad de seguir adelante, siempre, cada vez!